Hay telenovelas que marcan una etapa de tu vida y de las que guardas un cariño especial. El cuerpo del deseo para mí es una de ellas. La vi por primera vez hace 20 años, cuando era adolescente, y recuerdo perfectamente cómo esa historia me atrapó desde el inicio. Me fascinaba el suspenso que manejaba, así como esos personajes tan intensos y tan bien construidos. Desde entonces, se quedó en mi corazón como una de mis telenovelas favoritas.

Hace poco comencé a verla de nuevo y fue como si el tiempo se hubiera detenido. De pronto, volvió esa misma sensación de entonces, cuando hacía la tarea de la escuela con la telenovela de fondo en el televisor, mientras mis ojos no podían evitar desviarse una y otra vez hacia la pantalla.

Les confieso que tenía cierto miedo de que aquel recuerdo tan especial que guardaba de la telenovela se desvaneciera ahora que la estoy revisitando. Pero no ha sido así.

He visto apenas seis capítulos, pero ha sido suficiente para confirmar por qué aquella historia me atrapó tanto en su momento y dejó esa huella en mí.

Me maravilla ver cómo una historia que fue producida hace dos décadas sigue funcionando tan bien en la actualidad.

Hoy la revisito obviamente desde otra madurez –20 años no pasan en vano–y eso hace que descubra detalles que antes no percibía y que ahora cobran otro significado. Lo cual no deja de ser interesante.

Tengo que reconocer, eso sí, que me ha generado una especial nostalgia volver a ver de nuevo en pantalla a Lorena Rojas, sabiendo que ya no está entre nosotros. En su momento, su personaje me impactó profundamente y me hizo admirar su trabajo. Su interpretación tenía –y tiene– una fuerza muy particular. Supo construir a una Isabel Arroyo inolvidable en todos los sentidos. Era de esas actrices que conseguían dar verdad a cada escena. Volver a verla en esta historia solo reafirma la dimensión de su talento y la huella imborrable que dejó en el público.

Mujer con cabello rizado y vestido azul, pensativa y mirando hacia abajo, en un ambiente interior con botellas visibles en el fondo.
Lorena Rojas en ‘El cuerpo del deseo’ (Foto: Telemundo)

Dicen que cuando una telenovela es buena, no importa el tiempo que pase: siempre vuelve a funcionar. Y sin duda El cuerpo del deseo es la prueba de ello. Las producciones de Telemundo tenían en esa época una magia especial que desafortunadamente no se ha vuelto a dar.

Revisitando El cuerpo del deseo tengo la sensación de estar frente a una historia que sigue viva, que sigue atrapando y que demuestra que hay producciones capaces de resistir perfectamente el paso del tiempo.

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