Natalia Madera ha dejado huella en el público como Miranda en la telenovela Regalo de amor, que se transmite a las 6:30 de la tarde por Las Estrellas. Pero, ¿cómo es la actriz detrás del personaje? ¿Qué le saca una sonrisa? ¿Cuál es el recuerdo más feliz que guarda de su infancia? ¿Qué le roba la paz? Conversamos un ratito con ella ¡y esto fue lo que nos contó!
¿Qué te saca una sonrisa?
Mi esposo en la mañana cuando me lleva el café y hace algún chistorete, mi perro Gregorio, mi familia, una comida con toda mi familia y las cenas con mis amigas.
¿Qué te hace sentir orgullosa de ti misma?
Que a esa Natalia chiquitita, que me la imagino ahí, le puedo decir: ‘Lo logramos, ahí vamos. Hemos hecho todo bien, hemos hecho todo de lado derecho y poco a poco ahí vamos’.
¿Cómo describirías un día perfecto para ti?
Sería levantarme no tan temprano –no soy una persona que se levante muy temprano–, echarme mi café, irme al gimnasio, meditar un poco, bañarme, irme a trabajar y como a las seis de tarde regresar a mi casa, ver una serie con mi esposo, cenar rico, ver un reality si se puede en la noche me gusta y ya dormirme con mi perro Gregorio.

¿Qué película te representa?
No sé si me represente, pero la que me encanta es ‘Cinema Paradiso’. Es una película que habla de la nostalgia, que habla del cine. Hay una música espectacular.
¿Qué libro te ha dejado una huella?
El último que leí se llama ‘Escapar para vivir’. Yo no sabía mucho de la historia de Corea del Norte y Corea del Sur y es una historia y un ejemplo de supervivencia increíble.
¿Cuál es el recuerdo más feliz que guardas de tu infancia?
Creo que cumplía como seis años. Yo siempre quise ser una princesa de Disney y amanecí el día de mi fiesta de cumpleaños y mi mamá y mi papá me llenaron de brillantina todo el pasillo del departamentito donde vivíamos y de repente en una silla el vestido de Cenicienta con los tacones de Cenicienta y una carta que decía que el hada madrina me lo había mandado. Fui muy feliz.
¿Para qué telenovela hiciste casting, no quedaste y te hubiera gustado participar?
Me acuerdo que estaba en el CEA [Centro de Educación Artística de Televisa] en mi último año y estaban haciendo el casting para El hotel de los secretos. Yo había visto la serie española y a fuerza quería entrar, entonces me colé. Obviamente no me quedé, pero me hubiera fascinado quedar ahí.
¿Qué te roba la paz?
Me roba mucho la paz la gente hipócrita, falsa y mentirosa. O la gente que solo habla de ella misma. Las injusticias, el maltrato a los animales y a los niños también me roba muchísimo la paz.

Si pudieras revivir un día de tu vida, ¿cuál sería y por qué?
Mi boda. Creo que fue un día muy especial, no solo por la fiesta. Por fin Daniel y yo logramos casarnos, que teníamos muchísimas ganas, y el voltear y ver a toda la gente que quieres y que te quiere es maravilloso. Todos juntos en un mismo lugar. Eso fue precioso.
¿Qué actriz te ha inspirado más en tu carrera?
Cassandra Ciangherotti. La amo. La he visto en teatro, cine, series y me parece una actriz joven que lo hace todo muy bien.
Si tu vida fuera una película, ¿qué título le pondrías?
Mucho amor y mucha incertidumbre en el trabajo.
¿Qué te hace enojar?
Las injusticias, el maltrato a la gente en general. También me hace enojar muchísimo el tráfico y la gente en el tráfico que te molesta.
¿Cómo te ves dentro de 10 años?
Me veo con mi esposo, dos hijillos, trabajando como actriz, maternando y trabajando –que creo que sí se puede– y me veo también en un proyecto así padre donde pueda hacer comedia y drama. Y mucho éxito, mucha salud y mucha felicidad con todos mis seres queridos.
¿Un sueño por cumplir?
Hacer un proyecto en España. Tengo muchísimas ganas.
¿Qué anécdota guardas de tu primera vez en una telenovela?
Una vez fui secretaria en una telenovela y me acuerdo que me tocó con Salvador Zerboni y Arturo Peniche y yo estaba muy nerviosa porque era la primera vez que iba a salir en la tele. Al final solo me hacían decir: ‘Sí, señor, salga por la puerta’. Y yo me quería quedar ahí todo el día en el set viendo y me dijeron: ‘No, ya terminaste, bye’.




