Desde muy pequeña, Valentina Buzzurro comenzó a desarrollar una sensibilidad muy especial por la infancia y los derechos de los niños. «Hoy es una de mis pasiones alternas a la actuación. Desde niña tenía muy claro que amaba a los niños y que los quería defender», confiesa.
Por eso, no pudo evitar sentir «mucho miedo» cuando la productora Silvia Cano se reunió con ella en su día para ofrecerle el personaje de Fedra en Regalo de amor. «Fuimos a un restaurante y me soltó: «Yo sé que tú amas a los niños y tal, quiero que seas una villana que va a ser mala con una niña». Me movió muchas cosas porque yo creo que era de los miedos más grandes que yo tenía en mi carrera porque al final, aunque sea actuación, la niña es niña y yo iba a estar en contacto con ese miedo interpretando a las personas a las que yo, en la vida real, les tengo mucho rechazo: a las personas violentas con los niños. Entonces me dio mucho miedo», se sincera.
Miedo por un lado, pero también emoción de saber que la productora estaba confiando en ella para un personaje tan importante. Y con esa mezcla de miedo y emoción dijo «sí» al proyecto.

Valentina, ¿cómo fue para ti la construcción de este personaje tan complejo?
Primero, me acerqué a todas las personas que yo sabía que habían estado en contacto con personas que tuvieron trastorno límite de la personalidad —porque yo no conocía a nadie— y me ayudaron a darme ideas. Me explicaban escenarios, por ejemplo, donde tuvieron peleas en las que ellas o ellos iban de cero a cien. Un amigo me contó que una novia de él iban en el coche manejando y él se equivocó de calle —ella iba como diciéndole el mapa— y casi cortan porque ella explotó. Son cosas que me servían y, a la vez, me daban miedo porque yo decía: «¿Cómo voy a hacer eso sin que se vea falso o sin verdad?».
Ahí fue donde recurrí a algunos psicólogos para que me dieran tips de dónde viene, cuál herida tienen, qué sucede. Me explicaban que ellos van como con la carne viva, como si no tuvieran piel, y van con puro músculo; el sol les daña y todo es una alerta para ellos. Entonces ellos me informaron un poquito más, como a nivel profesional.
A mí me gusta mucho crear a mis personajes entendiendo sus heridas y qué quieren en la vida. Cuando entiendo esas cosas, todo se abre para mí. Y yo encontré, en mi estudio mientras leía los guiones, la herida de Fedra, que es muy evidente: la mamá no la quiere. Lo que ella necesita es ser querida en todas y cada una de las escenas; incluso donde golpea a gente o donde grita, lo único que está pidiendo a gritos es: «Quiéranme y, por favor, véanme. Necesito ayuda».
Cuando encontré eso, para mí se abrió un camino enorme. Casi siempre hago así la creación de mis personajes, entendiendo su infancia: cómo fue, qué es lo que más le duele. Algo que me imaginaba mucho en escena y que me ayudaba era pensarme yo, Fedra, de niña, buscando a mi mamá en los eventos escolares y nunca viéndola; y al que veía era a mi hermano Eugenio o a mi nana, y por eso son las personas que yo quiero. Eso es lo que más me ayuda a crear.
Había momentos, sobre todo en los que tenía que gritarle a la niña, que sí lloré de verdad después de la escena porque no me gustaba habitar esa energía
Valentina Buzzurro

Las escenas en las que Fedra maltrata a Valentina son terribles. Entiendo que para ti fueron de las más difíciles de grabar…
Había momentos, sobre todo en los que tenía que gritarle a la niña, que sí lloré de verdad después de la escena porque no me gustaba habitar esa energía. Incluso, ahorita me da mucha paz ya no tener que hacerlo porque me daba mucha ansiedad, me daba mucha tristeza. Yo soy muy sensible, entonces yo me asustaba a mí misma, casi, casi. No sé cómo explicarlo; o sea, era como sacar esta parte tan fea que existe en los seres humanos, tristemente porque hay muchos papás… Muchos papás se asustan y muchas mamás odian a Fedra, pero sí le dan una nalgada o una cachetada a su hija. Para mí es exactamente igual: es violencia, y los hijos se asustan igual. En lo mío se ve más exagerado, pero el miedo de los niños, aunque les des un manotazo, es el mismo.
A mí me dolía mucho el corazón sacar esa parte fea de mí; entonces, sí me costaba mucho la sensibilidad que me quedaba después.
¿Y el trabajo en escena con la niña Almudena López, cómo fue?
Me gusta mucho que me preguntes esto porque siento que les va a aliviar el corazón saber que, antes de la telenovela, me asesoré con una psicóloga infantil para saber cómo dañar lo menos posible a Almudena, que es la niña que interpreta a Valentina.
Antes de todas esas escenas hacíamos un juego de manos para conectar, para vernos a los ojos, para jugar. Después nos dábamos un abrazo, y yo siempre le decía: «Esto es un juego, y yo soy la bruja; entonces te voy a atrapar y tú vas a ser la buena». Después de cada escena yo siempre le preguntaba a la niña: «En esta escena yo te pegué o te grité porque no querías comer. ¿Alguien te puede gritar o pegar si no quieres comer? No, ni tus papás, ¿verdad?». Yo metí la semilla así de que nadie te puede pegar. Entonces me decía: «Nadie». Y nos dábamos otro abrazo más después de cada escena.
En la vida real, Almudena y yo nos hicimos supercómplices; incluso se divertía y quería que la volviera a jalar porque ya había visto que era falso. Claro, a la hora de jalarla, por ejemplo, yo tomaba la blusa y ella ponía su mano, entonces parece que la estoy jaloneando, pero yo nunca la jalonaría de verdad. Creo que nos volvimos un muy buen equipo.
Definitivamente me asusté mucho por los niños que hacen escenas sin compañeros actores que sepan de crianza porque la niña, aun con nuestros juegos, muchas veces se asustó y pensó que yo la iba a pegar de verdad. Y claro, la que le decía «vamos a jugar» era Valentina, pero ya cuando entraba en acción Fedra, ella veía esa energía y como que me hacía así con las manos. Cuando terminaba la escena, me decía: «Es que me da miedo que me vas a pegar». Y yo le respondía: «Yo nunca te voy a pegar, jamás te voy a pegar». Eso la tranquilizaba, pero en las escenas le daba miedo.
Yo le presté algunas cosas a Fedra, no de emociones, pero sí de personalidad estruendosa y teatral. Me parezco mucho a ella en ese sentido
Valentina Buzzurro

Imagínate los niños que terminan la escena y la actriz se va sin darles un abrazo, sin acompañarlos. Yo creo que es superimportante que todos lo hagamos porque sí es muy fuerte.
¿Qué le prestaste a Fedra de ti?
La verdad es que yo, en la vida real, soy muy Fedra; de hecho, me lo dicen mucho en TikTok y en las plataformas. Yo soy superloca, yo soy muy ruidosa al decir las cosas. Me lo dijo Alejandra Robles Gil, la protagonista; me dice: «Tú eres Fedra en la vida real, nada más que tú en luz y Fedra en oscuridad». Es verdad que se parece mucho a mí, pero en mala, entonces me costó trabajo soltarla.
Muchos creen que me quedé en el personaje. No; más bien, yo le presté algunas cosas a Fedra, no de emociones, pero sí de personalidad estruendosa y teatral.
Naciste en Italia y viviste allí hasta los nueve años. ¿Cómo fue tu infancia como niña italiana?
Creo que tiene una parte hermosa y otra parte un poco más complicada. La parte hermosa es que tuve una infancia supersana. Teníamos en casa de mi abuela una parte de atrás que es como nuestro jardín, donde hay portería; tenemos también una cesta de baloncesto, una montaña, y nos la pasábamos jugando a los exploradores. Nos íbamos a la calle en las bicicletas y nos perseguían los perros. Fue una infancia superbella con mis primos.
La parte difícil es que los italianos tienen un carácter muy fuerte y yo siempre fui una niña hipersensible. Esa imagen [que me muestras] es mi abuela dándonos de comer, y yo era la víctima principal porque he tenido siempre problemas con la comida. Esa imagen me refleja un momento muy lindo, y mi carácter siempre ahí, sacando la lengua, como muy divertida, pero también fue un poco traumático porque me metían la comida hasta acá…
Mi mamá es abogada, mi hermano es chef y mi papá es músico. Soy la primera actriz de mi familia
Valentina Buzzurro

Los italianos son de carácter fuerte y yo no considero que tenga un carácter tan fuerte; entonces, creo que estaba como muy alerta, como que fui una niña un poquito alerta de los gritos. Pero podría decirte que en un 90 % fue una infancia muy bonita.
Desde niña ya mostraste interés por lo artístico, ¿no?
En Italia se dio mucho que yo organizaba bailes, de que «vamos a bailar, vamos a ponernos a la hora de la comida todos aquí». Pero en México empezó mucho más mi rollo por la actuación. Siempre lo tuve. De hecho, dice una vecina mía italiana que me preguntaba, a los tres años, qué iba a ser de grande, y yo respondía: actriz. Siempre lo tuve superclaro.
Cuando llegué a México literal era de en la parte de atrás, donde teníamos que colgar la ropa recién lavada, ponía mis sábanas y ese era el telón. Pietro, mi hermano, era el actor; mis primas mexicanas, todas, eran parte de mi obra de teatro, y mi familia eran los espectadores. Odiaban mis obras porque si alguien se paraba a contestar una llamada o si alguien se iba tantito, la obra se repetía desde el inicio (ríe). Ahí empecé a actuar mucho.
Lo curioso es que nadie de tu familia se dedica a la actuación, ¿cierto?
Nada que ver. Mi mamá es abogada, mi hermano es chef y mi papá es músico. Toda la familia de mi mamá son contadores, y la familia de mi papá, mis abuelos, fueron maestros y algunos músicos. Soy la primera actriz de la familia.
¿Cómo fue para ti dejar atrás Italia para comenzar a vivir en México con 9 años?
Esa parte de mi infancia fue muy compleja porque llegar a México sin hablar español fue supercomplejo. O sea, hubo mucho bullying. Fue complicado cambiar toda la vida. Yo recuerdo que lloraba todo el tiempo porque en Italia no es tan común ver a los niños por la calle pedir dinero, y en México es muy común. Eso, al ser una niña hipersensible, me afectó muchísimo. Mi mamá ya no sabía qué hacer porque yo lloraba todo el tiempo si salíamos a la calle y veía a los niños en el semáforo. No podía; era lo más triste.
Para mí, yo había llegado al peor lugar. Tuve mucho rechazo a México al inicio. Recuerdo que mi mamá, pobrecita, se sentía culpable de habernos traído porque los dos teníamos rechazo. Pietro dejó de hablar el primer año que llegamos a México, y yo entré a una escuela donde todo el mundo se burlaba porque hablaba raro. Recuerdo incluso a los maestros superbuleadores conmigo. La solución fue cambiarme de escuela. Siempre va a haber bullying al final cuando alguien es diferente, pero ya ahí mucho menos. Recuerdo que los primeros años en México fueron horribles.
Ahora amo este país y no quiero que nadie me saque de aquí. Tengo dependencia a México, lo amo, pero al principio fue supercomplicado para mí.
Debutaste como actriz de una forma muy peculiar… Con 12 años, estudiando actuación en una escuela, te ve un director y pasas a protagonizar, a esa edad, tu primera película.
Hasta ahora es mi proyecto favorito. Se llama ‘Viento aparte’. Imagínate, yo entré a la escuela de actuación, me invitan al casting y me eligen sin tener más que En familia con Chabelo en mi currículum. Mi mamá y mi papá estaban medio asustados porque eran dos meses y medio fuera de la ciudad; grabábamos por todo México y yo era la única niña. Mi mamá tenía terror, pobrecita, pero yo era la más feliz de haberme quedado. Entonces me apoyaron.
Después de hacer la primera película, solo hice cine. Hice una que otra cosa de televisión chiquita, pero realmente hice cine y cine. Y en el cine escuchas como de que «qué horror las telenovelas» o «las telenovelas son como lo naco». Entonces yo tenía esa idea en mi cabeza
Valentina Buzzurro

Ese fue mi primer proyecto y lo recuerdo con mucho amor. Cada que lo veo, le agradezco eternamente a ese director haber visto algo en mí, haberme elegido, porque creo que no tenía mucha idea de lo que estaba haciendo, pero, por eso mismo, todo era un sueño, algo mágico.
Yo ya sabía que amaba la actuación con todo mi corazón. No sé, yo creo que Dios me mandó con la misión muy clara: la de la actuación y la de los niños, porque, te digo, para mí están a la par. Desde niña tenía muy claro que amaba a los niños y que los quería defender, y también sabía que quería estar frente a una cámara.
Imagínate, me dan la oportunidad de hacer una película como protagonista, donde estoy los dos meses y medio, en todas las escenas… fue un sueño hecho realidad. Esa vivencia me hizo abrazar la actuación y no soltarla. Lo normal era ser extra primero o tener un personaje pequeñito y después poco a poco… Pero yo entré y me dieron el sueño.
Tu vida y tu carrera sin duda dan un giro importante cuando coprotagonizas en 2020 la exitosa telenovela Vencer el desamor en la piel de Gemma. ¿Qué le agradeces hoy a Gemma?
Es bonito porque yo, después de hacer la primera película, solo hice cine. Hice una que otra cosa de televisión chiquita, pero realmente hice cine y cine. Y en el cine escuchas como de que «qué horror las telenovelas» o «las telenovelas son como lo naco». Entonces yo tenía esa idea en mi cabeza, hasta que tuve un novio que hacía telenovelas, Luis, y yo no lo vi tan mal. O sea, vi que le ponía el mismo esfuerzo que hacer una película, teatro o lo que sea. Él me llevaba a sus grabaciones y yo decía: «Guau, qué padre hacer tantas escenas al día; yo solamente hago 3 o 4 y aquí hacen 34».
El director Benjamín Cann confiaba mucho en el trabajo de Luis y le dijo: «¿Hay alguna actriz de 16, 17 años que sientas que sea muy buena como para protagonizar una novela?». Y Luis le dijo: «No es porque sea mi novia, pero mi novia». Luego Benjamín le pregunta a otro actor, a Carlos Corona, y también le dice: «Valentina Buzzurro». Benjamín dijo: «Tengo que conocer a esta chavita».
Me hace el casting; yo soy la segunda en la fila de cincuenta y tantas niñas, paso, y Benjamín, después de la escena, me dijo: «Puedes venir tantito». Me llevó a un rincón y me dijo: «Eres tú. Vienes mañanas y le haces casting a los demás». Esto era Vencer el miedo.
Pero después la productora dijo: «Pero a esta no la conocen ni en su casa, tenemos que apostar por alguien más para que la gente vea la telenovela». Y me sacan de Vencer el miedo.
Al año, Benjamín dice: «Vamos a hacer Vencer el desamor, pero Gemma es Valentina; ese personaje es para ella». Me invitan sin hacer casting, entonces el vértigo fue muchísimo. Ya el día que estaba yo grabando 34 escenas, que fue mi primer día, yo lloraba en mi camper porque sentía que no estaba lista para eso, que no entendía el tono; pero preparé tanto mi personaje que salió solito también.
Si le pudiera agradecer algo a Gemma que me haya enseñado es que el mundo de las telenovelas es una de mis grandes pasiones
Valentina Buzzurro

Si le pudiera agradecer algo a Gemma que me haya enseñado es que el mundo de las telenovelas es una de mis grandes pasiones. Yo, después de escuchar tanto rechazo en el cine por las telenovelas, les diría a los del cine: «Ok, va, rechácenlo, pero hagan una y que les salga bien». Porque es súperdifícil y, además, para mí, las telenovelas son de las cosas más divertidas de hacer y que hay que hacer con más honor y con más respeto porque el cine se ve en alguna que otra pantalla, pero las telenovelas entran a todas las casas todos los días. Es lo que la gente más ve, lo que la gente, después del trabajo, que está estresada, que tiene problemas o que está en un hospital, prende la tele y te ve a ti.
Para mí, los actores que la hacen como cualquier cosa me dan enojo porque creo que hay que hacerlo con amor y con mucho respeto para el público que nos ve, que es la mayoría. Yo amo hacer novelas y le agradezco a Gemma que me haya dado una probada de una de mis grandes pasiones también.
En unos años te has convertido en una de las actrices más reconocidas y con más futuro de tu generación. ¿Cómo te sientes al ver el camino que has recorrido hasta ahora y lo lejos que estás llegando?
Mucho agradecimiento. Hay mucha gente que desea ser actor o actriz; son muchos allá afuera, y muchos muy buenos, que no tienen, algunos, las oportunidades. Entonces, a veces lo sufro un poco, no te voy a mentir. Como que digo: «¿Por qué estoy yo aquí y por qué no está mi amiga de la escuela de actuación, que era mejor actriz que yo?». Pero lo que he aprendido a hacer con ese sentimiento es decir: «Si mi amiga estuviera aquí, no estaría llorando porque quisiera que otra estuviera aquí; estaría disfrutando de estar acá». He tratado de agradecer. Lo que me surge es decir: «Gracias, Dios, gracias, vida, y gracias a mi familia», porque sí, yo he llegado ahí, pero mi familia me ha estado haciendo así por abajo para que yo suba con el pie. Todos los días digo gracias.
Agradezco las telenovelas y mi camino, porque siento —te lo juro, igual me equivoco— que me están preparando para algo más grande. Me conmueve ver que la Valentina niña que quería ser actriz hoy en día es reconocida en alguna que otra cosa por su trabajo.
Tengo un cuaderno donde le escribo a mis hijos futuros, donde le escribo a mi esposo futuro. Mi sueño más grande es ser mamá
Valentina Buzzurro

Hablando de la Valentina niña, ¿qué crees que te diría al ver lo lejos que has llegado?
Yo siempre he dicho que, si algún día me gano el Óscar, a la que más tengo que mencionar es a mi niña porque está muy viva en mí. Yo a mi niña interior la cuido, la protejo, hablo con ella, le agradezco, y siento que cuando Valentina adulta llega a dudar de llegar a un lugar, Valentina niña dice: «Pero no, obviamente vamos a llegar, ¿de qué hablas?».
Confío mucho en esa voz que está tan viva. Ella confía más en mí que yo. Entonces, yo le diría que llegamos, y ella diría: «Obvio, todavía falta un buen». Tiene mucha confianza en mí y creo que se emocionaría muchísimo. Y eso, si se logró, fue porque Valentina [niña] colgaba su telón y su pasión la llevó hasta aquí.
¿Qué te hace feliz además de la actuación?
Me hace muy feliz estar enamorada, me hace muy feliz mi familia, me hace muy feliz el futuro. Yo futureo mucho y yo sé que muchos dicen «no, eso no está tan bueno», pero a mí me hace feliz, me ilusiona. Tengo un cuaderno donde le escribo a mis hijos futuros, donde le escribo a mi esposo futuro. Mi sueño más grande es ser mamá.




