Alejandra Barros llegó a Mi rival en un momento muy especial de su vida profesional, justo cuando cumple 30 años de trayectoria en la televisión. Desde sus primeros pasos en Confidente de secundaria (1996) hasta consolidarse como una de las actrices más reconocidas de la televisión mexicana, su carrera ha estado marcada por la constancia, la evolución y la capacidad de reinventarse. Al mirar atrás, la intérprete reconoce que no fue un camino sencillo y que las inseguridades formaron parte importante de sus inicios. «Qué bueno que no te rendiste», asegura que le diría hoy a aquella joven que comenzaba a abrirse paso en la industria. Con esa experiencia a cuestas, Barros asume ahora personajes de mayor complejidad, como Paloma en la actual telenovela estelar de las Estrellas. Un reto interpretativo que enfrenta desde una perspectiva más madura en una etapa donde la confianza en sí misma y el oficio adquirido con los años le permiten disfrutar del proceso de manera diferente.

Alejandra, estás cumpliendo 30 años de carrera, ¿qué sientes hoy al ver escenas de tu primera telenovela, Confidente de secundaria (1996)?
Mucha nostalgia, el tiempo pasa tan rápido y nos preocupamos por tanta tontería. De repente verme tan chiquita y tan inocente en esa época que estaba yo empezando, que era una inseguridad tremenda todo y poderlo ver desde acá y decir: ‘Qué bueno que no te rendiste, qué bueno que seguiste adelante’.
Si la Alejandra de los inicios se encontrara ahora con esta Alejandra que tengo enfrente, ¿qué le diría y qué tanto se reconocería?
Yo creo que si la de antes viera a la de ahora se hubiera ahorrado tantos momentos tan tremendos en la vida de inseguridad, de miedo, de todo lo que uno vive para llegar después de 30 años de carrera, que pasas por cosas que no deberías de haber experimentado o sentido a nivel profesional y a nivel personal también, porque la inseguridad es algo que nos paraliza y nos hace luego tomar decisiones equivocadas. Entonces creo que le hubiera dado mucha seguridad a esa actriz que empezaba el saber que sí se iba a poder. Yo empecé mi carrera en contra de mi familia, o sea, era impensable que yo fuera actriz. Yo estudié diseño textil y pensaban que por ahí me iba a ir porque se me iba a olvidar el querer ser actriz, y pues no, entonces siempre estaba el temor de qué pasa si no la hago, qué pasa si de repente tengo que pedir ayuda a mi familia. Y pasa mucho, yo lo veo en muchos compañeros y en amigos que tuve hace muchos años y que de repente me los encuentro y que dejaron de recibir ofertas de trabajo y se tuvieron que dedicar a otra cosa. El ver en 30 años que no paré, que no desistí me da mucha nostalgia.
Como actriz será una delicia interpretar un personaje con tantos matices y con este conflicto tan fuerte que tiene Paloma dentro de Mi rival, ¿no?
[La productora] Carmen Armendáriz confía mucho en mí y me dio este regalo, que es el personaje de Paloma. No escriben muchos personajes así de mi edad, es complicado de repente. Son normalmente personajes como de apoyo, pero una historia que hable de una mujer que está en búsqueda del amor tarde en su vida, que lo encuentra en un hombre más joven no todos los días escriben personajes así, así es que me llega en un momento donde lo disfruto enormemente, donde mis inseguridades ya no son mayores a mis seguridades, porque no te voy a decir que no tengo integridades, porque claro que sí y todos los días, pero antes eran más, ahora son menos (ríe).
Cuando comenzaste a leer sobre el personaje, ¿qué fue lo primero que pensaste?
Lo primero que pensé fue cómo es posible que una mamá pueda luchar con su hija por un hombre habiendo tantos hombres, habiendo tantas oportunidades en la vida. Hija tienes solamente una y como latina y como mamá me costó sobre todo a la hora de empezar a leer meterme a la idea de cómo voy a hacer esto de una manera que lo disfrute, que sea real. En el momento en que me dicen que tengo que pelear con mi hija por un hombre me hace cortocircuito la cabeza. Platicando mucho con los directores, con Carmen empezamos, no a justificar, sino a entender al personaje de Paloma, y fue un proceso que todos los días en las escenas había un cachito donde me tenía que recordar: acuérdate, no es la mamá, es la mujer. Y, claro, es la mujer. Lo digo mucho en las entrevistas porque espero que les sirva a muchas mujeres: el ser mamá no hace que dejes de ser mujer. Sí creemos que es así, porque yo lo creí, y resulta que la mujer ahí está y no hay que callarla. Obviamente las decisiones son equivocadas en el caso de Paloma, no es una situación que yo haría, pero la entiendo, entiendo a las mujeres que por pasión, por sentirse amadas, por sentir una cercanía, un ratito al estar tan abandonadas por ellas mismas siendo mamás, logren entrar en una situación como la que entra el personaje de Paloma. Pero espero que no sea tan común como creemos (ríe).

Las escenas de pasión se ven muy atractivas en pantalla, pero son muy incómodas de grabar, ¿cierto?
Son muy incómodas. A la gente se le olvida que estamos en un set, en este caso todos los sets fueron en locación, y que estás rodeada de más de 100 personas, que se te va a caer el tirante, que se te va a ver el hombro, que hay tomas que igual y no son favorecedoras, que el prestar tu cuerpo para una escena con otro actor, que gracias a Dios en este caso es un elenco mega profesional y a Sebastián lo conozco de toda la vida y tener la confianza con él de poder platicar la escena antes… La gente lo ve y piensa que la estamos pasando bomba y en realidad estamos cuidando muchos detalles: dónde tienes el micro para no tocarte, si yo le voy a jalar la ropa a Sebastián en una escena saber dónde esta su micro, que no lo vaya yo a arrugar tanto que después cuando repitamos la escena no se pueda porque yo ya le arrugué la ropa… Te estoy dando un ejemplo de muchas cosas que suceden cuando hacemos estas escenas. Requieren de mucha concentración y mucha técnica para que se logren ver bonitas.
Con Sebastián trabajaste por primera vez en 2002 en Clase 406, ¿cómo era el Sebastián de ese entonces y qué tan diferente fue trabajar ahora con él desde la madurez que ambos tienen?
En Clase 406, que fue donde lo conocí, era idéntico a lo que es ahora de guapo, de disciplinado, de talentoso, de buen amigo, un cuate encantador. El conocerlo a fondo fue una gran sorpresa porque normalmente, no sé en otros países, pero en México luego los guapos son muy sangrones, por eso le digo a Sebastián: ‘Tú tienes personalidad de feo, pero eres a todo dar’ (ríe). Es un cuate lindo, generoso, se acuerda de lo que le platicaste un día y al día siguiente te vuelve a preguntar. Clase 406 fue una novela que grabamos más de un año, fue una novela donde pasé dos cumpleaños en esa novela y yo tenía a mi hijo chiquito y no podía convivir tanto fuera del set con todos, pero en el set convivíamos muchísimo. Pasan los años y hemos coincidido Sebastián y yo en muchísimos cumpleaños de amigos, comidas, cosas de trabajo y volvemos a trabajar en Los ricos también lloran y también una gozada poder estar con Sebastián y tener un protagonista que no arma tonterías en el set, que no lo está frenando por tonterías, sino que él va a su trabajo, llega preparado, llega estudiado. Y ahora que volvemos a trabajar juntos nos divertimos mucho más que antes yo creo. Ahora lo disfrutamos mucho. Estuvimos en locación casi cinco meses y eso también hace que la comunión entre los compañeros sea mucho grande. Es un cuate muy divertido, muy generoso. Tiene apariencia de serio, pero es chistosísimo y se agradece compartir con compañeros así.
Mi rival se transmite a las 9:30 de la noche por Las Estrellas.




