La trayectoria de Marcus Ornellas es una muestra clara de perseverancia, evolución y trabajo constante. Desde su debut en la televisión mexicana con Dos hogares en 2011, el actor de origen brasileño fue construyendo su carrera paso a paso, sumando personajes que fueron fortaleciendo poco a poco su presencia en la industria. Su primer protagónico llegó una década después con Si nos dejan, demostrando que los tiempos perfectos no siempre son los más rápidos, sino los más oportunos. Hoy, con 15 años de carrera a sus espaldas y al frente de la exitosa telenovela Doménica Montero, que protagoniza junto a Angelique Boyer, Ornellas se consolida como una de las figuras más destacadas del melodrama en México.

Cuando se acercaron a ti con el personaje de Luis Fernando, ¿qué fue lo primero que pensaste?
Que es un personaje que vive una situación muy ruda y muy difícil al principio, y que es un personaje muy resiliente a la vez. Tiene una resiliencia importante porque, después de todo lo que vive, tiene que salir adelante, regresar al rancho de su familia para poder generar dinero, porque ha perdido mucho dinero en esa situación al principio, y estando ahí, reflexionando sobre la vida, se encuentra a su vecina. Desde el principio me sorprendió mucho la resiliencia y la capacidad de enfrentar la adversidad que ha demostrado este personaje.
Has comentado que Luis Fernando es un personaje que te ha hecho entender lo que es una relación en pareja desde otro punto de vista y que te ha hecho crecer en ese aspecto, ¿en qué sentido?
Que hay que aprender a escuchar. Hay ciertos momentos en donde los personajes están tan metidos en sus conflictos internos y empiezan a discutir que no escuchan al otro, y eso es algo que suele pasar en las relaciones humanas. Eso me ha hecho entender lo importante que es escuchar al otro y entender, porque muchas veces yo te digo una cosa, pero lo que realmente necesito es otra. Hay que tratar de entender al otro y ponerse en sus zapatos y respirar antes de tomar una decisión o antes de contestar a la altura. A veces es importante también escuchar y hacer un silencio para asimilar lo que están escuchando, para ver qué es lo que realmente está pasando en la cabeza de la otra persona, para no confundirnos y poder mejorar esa relación. Yo creo que he aprendido mucho en ese aspecto con mi personaje, de cosas que debo mejorar en mi vida como Marcus y cosas que entiendo que ya, como Marcus, he superado algunas cosas. Entonces, es un personaje que me ha enseñado mucho, sin duda alguna.

Qué bonito cuando un personaje te ayuda a crecer como ser humano…
Lo más chistoso es que vas a decir: «Pero ¿cómo, si tú creaste el personaje?». Pero sí, o sea, finalmente tú regalas cosas tuyas al personaje, pero al final el personaje te termina regalando otras, porque te hace entender algunas cosas que, para poder justificar a tu personaje, tienes que entenderlo, y al entenderlo te caen muchas fichas.
Si tuvieras que elegir un momento detrás de cámaras que reflejara a la perfección cómo era tu relación con Angelique Boyer en el set, ¿cuál sería y por qué?
Angelique es muy generosa tanto en escena como fuera de escena y siempre trata de mantener una armonía entre todos los compañeros, y eso se agradece. Es muy padre poder trabajar con alguien que tiene esa generosidad, que es tan generosa con todos y que siempre está abierta a un saludo, a un abrazo, a genuinamente preocuparse y ocuparse de todo el equipo, y eso es maravilloso. Yo creo que ella es una gran líder en ese aspecto y, obviamente, es maravilloso poder compartir escena con alguien tan generoso como ella.

Este año estás cumpliendo ya 15 años de carrera en las telenovelas…
Yo empecé en el 2010 haciendo teatro, pero como telenovelas sí es mi año número 15 este año, y la verdad es que en aquel entonces decía —las cosas que pasan en la cabeza de uno—: «En cinco años voy a estar ya protagonizando» (ríe), y te das cuenta de que el proceso de cada quien es distinto. Yo creo que los tiempos de Dios son perfectos y todo pasa cuando tiene que pasar, cuando tienes la madurez correcta, cuando es el momento en que ya tienes la madurez para hacerlo. En otros casos sucede que, a veces, el de arriba justamente te manda, te avienta al ruedo desde antes para que entiendas que tienes que evolucionar. En mi caso, yo creo que Dios me mandó en el momento correcto. Obviamente, al principio yo quería que fuera antes, pero ya estando en el lugar en el que estoy hoy en día, te puedo decir que todo sucedió en el momento correcto y que mi primer protagónico fuera después de que yo fuera papá me ayudó mucho, porque la paternidad me ayudó a madurar mucho como ser humano y me he vuelto un hombre con más templanza, con más fortaleza, yo creo que sin duda alguna.
Y estoy muy agradecido con Dios, con la vida, con la gente que me ha dado oportunidades de trabajo, así como con la gente que me ha rechazado, que me ha dicho que no. Yo creo que lo más importante en esta carrera es entender a lidiar con el rechazo, entender que es parte de… no vas a poder agradar a todo el mundo. A veces hay gente a la que le gusta tu trabajo, hay gente a la que no, pero lo más importante es seguir adelante enfocado, siempre tratando de mejorar, de creer, de madurar; es parte del proceso de la vida. Lo más importante no es no caerte, sino levantarte cada vez que te caigas, y eso es lo más importante para mí, sin duda.
Si el Marcus que debutó con Dos hogares en 2011 se encontrara con el Marcus actual que protagoniza Doménica, ¿qué crees que te diría?
Temblaba mucho en cada escena que hacía en ese proyecto, estaba yo muy nervioso (ríe). Te digo que mi primera escena en Dos hogares… Tuve la fortuna de estar en un proyecto con gente tan generosa como es el caso de Anahí, se portó superlinda conmigo desde el primer día, pero especialmente Carlos Ponce, que fue con quien más escenas tuve; o sea, tuve muchas escenas con él y era su mejor amigo en la historia, y él fue superlindo, supergeneroso conmigo. De hecho, cuando me lo encontré hace poco en un evento de Univision, le di un abrazo, le di las gracias por todo lo generoso que fue conmigo en aquel entonces.
¿Qué le diría el Marcus del 2011 al de hoy? ¿Qué puedo hacer para no sentirme tan nervioso en escena? Eso me preguntaría yo. Y el yo de hoy me contestaría a mí mismo del 2011 que confíe en el proceso, que vas por el camino correcto y que siga por ese camino, que todo es parte del proceso y que en algún momento eso se me va a quitar y que llegaré más allá de lo que me imagino (ríe).




