Cuando Francisco Pizaña recibió el casting para el personaje de Pablo Cruz en la telenovela Regalo de amor pensó que se trataba de una equivocación. El actor mexicano hasta ese momento había interpretado personajes villanescos o antagónicos, por lo que le costaba verse en un inicio en un registro así. “Al principio de este proyecto estaba tremendamente nervioso, tremendamente inseguro porque es un personaje que dista mucho de lo que he hecho en mi carrera”, confiesa. “Pero estoy contento y agradecido por todo el recibimiento que ha tenido”.

Desde esa inseguridad e incertidumbre, Pizaña decidió abordar el personaje “con todas las herramientas que ha construido” a lo largo de estos 13 años que lleva de carrera. “Con todo ese miedo tuve que levantar este personaje desde otro energía, otra corporalidad, incluso otra voz. Y se fue asentando. Por supuesto fue un trabajo creativo no solo mío, sino también de los directores y la misma productora. Lo que más me gusta de este proceso es que fue un trabajo en equipo. Claro que puse todas mis herramienta, pero lo fuimos midiendo, ajustando”, explica.

«Al principio de este proyecto estaba tremendamente nervioso, tremendamente inseguro porque es un personaje que dista mucho de lo que he hecho en mi carrera»

Francisco Pizaña
Francisco Pizaña sonríe mientras viste un suéter gris y gafas, con los brazos cruzados en un fondo claro.
Francisco Pizaña es Pablo Cruz en Regalo de amor (Foto: TelevisaUnivision)

Para el actor era muy importante no caer en la caricatura. “Es un personaje que sale un poquito de la normalidad y está ligeramente trepado respecto al resto de personajes, entonces era muy importante para nosotros, sobre todo para mí, que no se convirtiera en una caricatura, que es muy fácil caer en ese lugar común sobre todo en el melodrama. Para mí era bien importante que sí se sintiera arriba pero que fuera finamente hilvanado, que fuera cosido con sutileza”.

Y lo logró. “Termino satisfecho y contento porque el público lo está aceptando y recibiendo muy bien. Me gusta leer en redes esta frase de “todos deberíamos tener un Pablo en la vida”.

Otro reto que Pizaña enfrentó con su participación en esta historia fue el tema de la comedia. “Le tenía mucho miedo porque no había abordado esos tintes de comedia, pero me funcionaron mucho dos cosas: entender que la comedia no es querer hacer reír y la complicidad que genero con Natalia Madera, la actriz que interpreta a Miranda”, comparte. «Natalia es una gran amiga mía, de hecho coincidimos en el CEA, en la Escuela de Actuación de Televisa, hemos trabajado en un par de ocasiones en teatro, entonces hay una complicidad inherente entre ella y yo que decidimos depositar en el trabajo actoral y creo que al final tuvo muy buenos resultados porque hay una química que se nota, que atraviesa la pantalla”.

Era muy importante para mí que Pablo no se convirtiera en una caricatura, que es muy fácil caer en ese lugar común sobre todo en el melodrama

Francisco Pizaña
Francisco Pizaña posando con una expresión sonriente mientras viste un saco gris y gafas en un ambiente iluminado con luz natural.
Francisco Pizaña es Pablo Cruz en Regalo de amor (Foto: TelevisaUnivision)

Regalo de amor, sin embargo, ha significado mucho más que un reto actoral para el actor de 36 años. “Regalo de amor ha sido un regalo profesional y personal. A mí siempre me preguntaban: ¿qué prefieres hacer en un melodrama: el bueno o el malo? Y mi respuesta automática era el malo porque es más divertido, porque es el que hace travesuras. Y este personaje viene a cambiar esa perspectiva que yo tenía tan clavada en mí. Claro que es divertido hacer el bueno. Tal vez yo estaba muy clavado con el bueno convencional, pero este bueno, Pablo Cruz, se sale del molde, es otro tipo de registro más genuino, más transparente, más bondadoso, y también las mismas características del personaje me permiten jugar más. No es este galán de telenovela impuesto, sino el hecho de que sea el mejor amigo le suelta un poquito esa responsabilidad del galán, del guapo, y me da más rango de maniobra a la hora de ejecutar las acciones del personajes”.

Pablo llegó, además, en un momento clave de su vida. “Esa luminosidad que sugiere el personaje para mí fue catártica, fue renovadora ya que en ese momento estaba pasando por un duelo bastante importante en mi vida. Que llegara este personaje con esa luz vino a apaciguar la tormenta, vino a sanar las heridas. Por donde lo veas ha sido un regalo para mí Regalo de amor”.

Pizaña tiene hoy mucho que agradecerle a Pablo. “Lo que más agradezco sin duda alguna es esta habilidad que Pablo tiene muy a flor de piel que es disfrutar de las pequeñas cosas. Creo que hay un defecto que tenemos los seres humanos conforme vamos creciendo que es acostumbrarnos a la vida, entonces dejamos de sorprendernos por las cosas. Y algo que tiene muy presente Pablo es eso: se emociona cuando Miranda le dice que lo ama y entonces se le refleja en el cuerpo y se le escapa la emoción. Y de pronto en la normalidad somos más medidos, menos impresionables y creo que eso es un regalo que no deberíamos de perder, no porque hayamos vivido más tiempo quiere decir que no podemos sorprendernos de las pequeñas cosas que nos regala el día a día. También este ímpetu que tiene Pablo por compartir, por apoyar, por volverse un amor incondicional para el otro. Para Eugenio siempre está ahí, incluso un poquito anteponiéndose a él mismo porque para él lo más importante es el amor, es la familia, es la amistad. Creo que es una invitación de entrada para mí y para el público de revalorar esos vínculos sociales, para retomar esos valores tan importantes que de pronto se nos olvidan, como la lealtad, como el amor, como el apoyo, como este amor incondicional hacia el otro”.

Del futbol al set: cómo los accidentes del camino llevaron a Francisco Pizaña a la actuación

De niño, Pizaña nunca imaginó que acabaría siendo actor. “En mi familia como nadie se dedica a nada que tenga que ver con el arte era algo que para mí no era una posibilidad, más bien fueron los accidentes del camino los que me llevaron a actuar”, asevera. Y es que su vida iba encaminada hacia el futbol. “A los 14 años me salgo de Costa Rica, Veracruz, que es la ciudad donde yo crecí, y tengo un paso en el futbol profesional de 5 años. Ahora que lo veo en retrospectiva tuvo que ver mi poca inteligencia emocional. Yo al salir de casa solo sin una figura paterna, sin un mentor, sin alguien que guiara esos altibajos emocionales naturales de la vida, no solo del futbol, de pronto en estos picos no supe lidiar con las desilusiones que genera el futbol. De pronto parecía que algo iba a suceder y no sucedía. Tuve la la ilusión de estar cerca de irme a jugar a Ajax en Países Bajos y toda esa ilusión se cayó a pedazos, después tuve una discusión con un preparador físico en un equipo de primera A de Salamanca y me generó otra desilusión. Fueron varios factores que de pronto yo no supe lidiar en ese momento, así que tiré la toalla”.

«Descubrí en la preparación actoral que tenía tanto por dentro que estaba atorado, que no había trabajado, que no había indagado en ello»

Francisco Pizaña
Francisco Pizaña (Foto: José Pablo Minor)

Esas desilusiones deportivas lo llevaron a tomar una decisión que cambió su destino. “Regresé a casa de mi abuela [donde crecí] y en esa depresión que encontré ante el abandono del futbol recibo una propuesta de parte de una amiga que había estado en el CEA [Escuela de Educación Artística de Televisa] que me vio tan mal que me dijo: ‘¿Por qué no haces casting para el CEA?’. Dije: ‘Bueno, puede ser’. Me pareció buena idea hacer algo en lo que podía ser contratable de nuevo [en el futbol], así que hago casting a ver qué pasaba sin ninguna expectativa ni ilusión. Y resulta que, no sé de qué forma, quedo en el casting y decido entrar”, cuenta.

Su intención inicial era estar únicamente seis meses en lo que asentaba su cabeza y acomodaba sus pensamientos, pero la vida tenía otros planes para él. “Yo ya había pasado el primer semestre –el CEA se divide en semestres que se evalúan a través de una obra de teatro–, y en una clase de expresión corporal nos pidieron llevar un elemento. Yo llevé un balón. El problema es que un compañero me pide el balón para jugar y se lo presto. Mala decisión porque nos subimos a un lugar donde está prohibido jugar futbol y explotamos un transformador y me corren del CEA”, rememora. Fue entonces cuando la vida lo volvió a poner en la disyuntiva de tomar decisiones importantes. “Al otro día recibo la llamada para reconectarme con mi vida en el futbol. El tema es que yo ya estaba enamorado de la actuación. Esa sensación de libertad que me generaba el futbol la había encontrado también en la ficción, entonces llegó el momento inevitable en la vida de todo ser humano de tomar decisiones importantes: hacia dónde va a seguir mi camino a partir de ahora. Y mi decisión, después de varios días de estar confundido y no saber para dónde apuntar, decidí que iba a quedarme en la actuación, que el futbol era lo que yo más amaba en la vida y que no necesitaba cobrar para hacerlo, que eso mientras tuviera piernas lo iba a seguir haciendo. Pero que ya estaba ahí y que había conectado con eso y que no lo iba a dejar, que no iba a tirar la toalla, que ya había tirado la toalla en otro lugar, ¿lo iba a hacer otra vez en este lugar? Pues no. Entonces decidí aportarle a todo a la actuación y tratar de generarme una historia propia sin saber cómo era porque yo estaba ahí sin contacto, sin conocer a nadie”.

Siento mucha nostalgia de ver hacia atrás y ser consciente de todo el camino recorrido en la actuación

Francisco Pizaña
Francisco Pizaña (Foto: José Pablo Minor)

La actuación terminó convirtiéndose en una especie de terapia para él. “Descubrí en la preparación actoral que tenía tanto por dentro que estaba atorado, que no había trabajado, que no había indagado en ello que cuando elijo canalizar todo eso en el ejercicio actoral encuentro que hay mucho que tengo que decir a nivel artístico. De cierta forma me ayudó a canalizar todo eso y, sin ser terapia, fue terapéutico para mí».

Hoy Pizaña ya tiene 13 años de carrera como actor. “Creo que terminé en el mejor lugar que pude haber terminado”, concluye.

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