Protagonizada por Marlene Favela y Mario Cimarro en 2003, Gata salvaje es una de las telenovelas más exitosas de la década de los 2000. Grabada en Miami, el melodrama escrito por Alberto Gómez combinó una historia rosa con un elenco atractivo y unas locaciones espectaculares, dando como resultado un producto irresistible que cautivó a la audiencia desde el primer capítulo. Pero, ¿cómo nace Gata salvaje?, ¿cómo llega Favela a protagonizar la historia? ¿cuánto costaba rentar las lujosas mansiones? Su creador lo revela todo.
¿Cómo nace Gata salvaje?
Yo venía de hacer Secreto de amor, que también había funcionado muy bien, y sin terminar Secreto de amor mi jefe me dijo: ‘Sigues con la siguiente’. Era una época en la que trabajábamos al día. Por decirte, yo terminaba de escribir un miércoles y el jueves ya estaba comenzando la siguiente, o sea no se paraba. Y recuerdo que escribiendo los finales de Secreto de amor me estaba muriendo de hambre y dije: ‘Voy a salir a comprar comida’. Cuando salgo, en el terreno del edificio de al lado estaban construyendo una nueva edificación y está una muchacha muy bonita ella con un camión vendiéndole comida a todos los albañiles que trabajaban allí. Yo me quedé viendo aquello y dije: ‘Pero qué maravilla’. Aquello me encantó y entonces mientras iba al restaurant a comprar comida dije: ‘Mi próxima protagonista va a ser una vendedora de comida’. Y así empieza la Gata salvaje con la protagonista en su camioncito vendiéndole comida a los campesinos de la hacienda Arismendi.
«El loro era el actor mejor pagado de toda la telenovela»
Alberto Gómez, escritor

¿Cómo fue la elección de Marlene Favela?
A Marlene la conocí en casa de Gaby Spanic. Estábamos allí en plena fiesta y llegó Marlene con un amigo. Ella estuvo literalmente 5 minutos en la fiesta, no estuvo más. Yo ya la había visto en algunas telenovelas de Televisa, pero no tenía ningún tipo de amistad con ella y ella saludó muy seria y se fue. Y yo dije: ‘¡Qué tipa tan antipática! ¡Qué insoportable!’. Un día estaba yo en México, yo compraba todas las semanas las revistas de farándula para leer las críticas a mis telenovelas y en una de esas revistas apareció Marlene en el póster central con un bikini blanco y yo la vi y dije: ‘De verdad que esta muchacha es guapísima’. Nada, empezamos a escoger el elenco de la Gata salvaje, ya no pudo ser Alicia Machado y pues ¿a quién ponemos? Yo estaba en México, yo iba los fines de semana [a Miami] porque estábamos escogiendo el elenco y les dije: ‘Este fin de semana cuando vaya yo les llevo a la protagonista’. Arranqué el póster de la revista y cuando llegué a mis dos jefes les mostré el póster y les dije: ‘Esta es la protagonista, es la Gata salvaje’. Y ellos la vieron y se impactaron e inmediatamente la contrataron. Hoy en día Marlene es mi hermana, la amo.
¿Te sorprendió el éxito que tuvo la telenovela?
Siempre te sorprende. Uno le apuesta al éxito. Nadie empieza un proyecto diciendo: ‘Voy a fracasar’. Todos le apostamos a que nos va a ir bien. El espacio estaba caliente porque acabábamos de terminar Secreto de amor y empezaba Gata salvaje inmediatamente. Pero, claro, cuando ya se triplican los números del rating, cuando nos cambian de horario, que no lo esperábamos –porque la novela de las 7 no funcionó entonces la bajaron y nos subieron a nosotros–, ya es una cosa que tú dices: ‘Guau’. Y te das cuenta de la magnitud y la gran responsabilidad de mantener aquellos números porque ahí es que empieza el reto y más cuando la empiezan a alargar y alargar y empieza el miedo a que aquello se te caiga porque es un miedo, es un terror a que el rating te deje de funcionar.
¿Cómo se escribía una telenovela en esa época?
Era la época en la que trabajábamos al aire. Yo escribía, enviaba el capítulo a las 6, 7 de la noche a la producción cuando lo terminaba e inmediatamente se contaban las escenas algunas para el día siguiente y 3 días después o 4 días después, cuando ya el capítulo estaba grabado, se enviaba al canal transmisor. Íbamos totalmente al día. Pero yo amaba esa manera de trabajar. Todos los días yo recibía el rating y lo estudiaba. Yo amaba ese estrés de trabajar al día.
La telenovela tuvo mansiones espectaculares, ¿cuánto costaba rentarlas?
Los dueños de las mansiones era muy faranduleros. Cuando les hacían la oferta –eran 20 mil dólares mensuales, o sea era un dineral– ya de entrada decían que sí y ya luego entraba la parte farandulera de: ‘Voy a conocer a los actores’. Los primeros meses era una maravilla, los dueños los invitaban a comer, a pasar el fin de semana, pero ya luego de 4 o 5 meses con 30 personas diariamente en tu casa metiéndose en tus habitaciones, utilizando tus baños… terminaban hartos. Y de varias de esas mansiones nos votaron (ríe). En Gata salvaje no, ahí hubo mucha suerte. Pero en Acorralada, por ejemplo, se tuvo que hacer una réplica de la mansión en el estudio.
¿Sí había mucho ego entre las actrices como se ha comentado?
Fue más lo que se dijo que lo que sucedió. Obviamente eran mujeres, no guapas, lo que le sigue a guapas; eran mujerones. Ese es uno de los elencos más bonitos y más bellos que yo he tenido, tanto de mujeres como de hombres, allí todo el mundo era guapo. Entonces sí había cierto ego de lucir mejor, de salir mejor peinada, de usar el bikini más pequeñito, el vestido más escotado para que se te vieran las lolas. Había esa rivalidad, pero en realidad tampoco es que llegó la sangre al río.
¿Cuánto cobraban en esa época los protagonistas de una telenovela?
En aquella época se le pagaba a los protagonistas entre 20 y 30 mil dólares mensuales. Luego según el rango. Había algún actor que podía cobrar 5 mil dólares mensuales, había otros que cobraban por capítulos, había otros que se le hacía un paquete. Eran diferentes rangos.
«En aquella época se le pagaba a los protagonistas entre 20 y 30 mil dólares mensuales»
Alberto Gómez, creador de Gata salvaje

Hablemos del famoso loro y las aventuras de Panchita…
El loro solamente iba a aparecer en un capítulo, que era el capítulo 9 cuando Panchita hace que el loro se escape y culpa a la ‘Gata salvaje’ para meterla en problemas. La producción fue al zoológico de Miami a rentar al loro. El loro cobraba 1.000 dólares por capítulo, era el actor mejor pagado de toda la telenovela. El mejor pagado era el loro, entonces me llamó el productor desesperado y me dijo: ‘Alberto, ni se te ocurra escribir un capítulo más con el loro porque es que me arruinas’. Entonces le dije: ‘No, no, tranquilo, no te preocupes, el loro solamente aparece en este capítulo 9, ya lo salva Rosaura del techo y ya no aparece más el loro’. Pero el loro resulta que estaba amaestrado y el loro cantaba, se hacía el muerto, volaba cuando le ordenaban, regresaba, bailaba… hacía de todo. Entonces me llama el productor a los pocos días y me dice: ‘Alberto, yo no sé de dónde voy a sacar el presupuesto, pero síguele escribiendo al loro porque el loro es una maravilla’. Entonces ya fue cuando empezaron las aventuras de Panchita y el loro, que no estaba planificado. Esa era la magia de escribir al día. Si yo hubiera tenido 60 capítulos de adelanto, como se estila hoy en día, eso se pierde en el camino, pero como se trabajaba al día esas cosas se permitían.




